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Las Flores |
Quien
dice boda, dice flores. Muchas flores. Por todos lados. En la iglesia, en el remise,
en el tocado, en la ropa, en las mesas y naturalmente en el ramo de novia.
¿Sabías?
Según la tradición, el ramo, en la
antigüedad, era obsequiado a la novia el día de la ceremonia por el novio. En la
actualidad ya no es así y el ramo lo elige y lo compra la novia. Es recomendable
consultar con varios floristas antes de hacer una elección.
Consejos
La elección del ramo no es una tarea
fácil. Esta elección se debe hacer en base a:
La altura de la novia, el color de sus
ojos, como se viste generalmente, clásica o moderna. La ceremonia, si es tradicional u
original.
Cuando hayan determinado el
estilo del ramo con el florista, pónganse de acuerdo con los centros de mesa y las flores
de la iglesia si es el mismo que los va a confeccionar. Decídanse por un color
predominante que puede ser entre los colores pasteles.
Lirios blancos o pimpollos de rosa
El blanco inmaculado no es de
rigor, todos los gustos y los colores están en la naturaleza. De todas maneras el
lirio blanco es una excelente base para componer un ramo. La ilusión también queda
muy delicada en los ramos.
Flores por todas
partes
Para decorar los bancos de la
iglesia:
Se pueden colocar pequeños bouquets en los bancos unidos por largas cintas o pequeñas
canastitas con flores.
- Al pie del atrio pueden poner
un bouquet más importante. El fotógrafo lo encontrará, sin duda, muy apropiado para sus
fotos.
- En la
recepción, si tienen mesas redondas, el centro de mesa se
coloca en el medio. Si las mesas son más largas o es
la mesa del buffet, colóquenlos en composiciones
triangulares ubicados a la misma distancia.
Para concluir...
El ramo, si la novia lo desea, lo lanza
al final de la recepción a todas las solteras. Aquella que lo atrape se casará en
el año, según la tradición... También pueden entregárselo a alguna persona especial o
bien, guardarlo para tener un lindo recuerdo. La tradición es colocar un bouquet alargado
en la luneta trasera del remise de los novios.
Por: Susana Durañona
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